Hace poco tiempo atrás me tocó participar como conferencista de la semana del emprendedor en México. Pudiendo elegir el tema, me pareció interesante abordar una de las barreras que más se interponen al éxito personal y por supuesto comercial: El Miedo.

Gran parte de las veces ese miedo se manifiesta como un particular miedo al fracaso y entonces nos paraliza, sin siquiera darnos la oportunidad de tener éxito en primer lugar. Quisiera entonces compartir algunos de los elementos de esa conferencia para que quien se encuentre con esto tenga la oportunidad de reflexionar, y quizás entonces, animarse a dar el salto.

EL FRACASO COMO PUNTAPIE INICIAL DEL ÉXITO “Ever tried. Ever failed. No matter. Try Again. Fail again. Fail better.” SAMUEL BECKETT

Mis fracasos… ¡Y que me permitieron! “Not all, young man, we have just spent a couple of million dollars educating you” TOM WATSON JR.

Todos guardamos recuerdos de nuestros fracasos. Rápidamente los podemos identificar y aún con más rapidez solemos castigarnos de aquello que no salió como queríamos. De hecho, el taller inició con cada uno de los participantes poniendo en papel aquel fracaso que los hubiera marcado mas. Cada uno hizo esto de forma anónima en un post-it.

Yo en cambio, decidí poner nombre y apellido a mi fracaso y entonces compartir una experiencia que me hace sentir cerca de la frase de Tom Watson Jr, – CEO de IBM entre el 56’ y el 71’ – que dijera a uno de sus empleados cuando preguntara si sería ese el final de su carrera luego de cometer un error que le costaría millones a la empresa.

El año 2006 me encontró en Barcelona trabajando en una empresa de tecnología. Era un gran oportunidad de aprendizaje, asistía yo al jefe de producto de una de las lineas de producto mayor importancia para la empresa. Por segunda vez me tocaba ser el mas joven en la empresa en la que trabajaba y eso me dio algunas licencias que me permití tomar y en poco tiempo me pude relacionar con todo el resto de la oficina quienes estimulaban que el mío, fuera un camino de rápido ascenso. Todo parecía perfecto para el recién llegado y un día como cualquier otro me encontré trabajando en una planilla que abarcaba todos los costos de la linea de producto: de una punta a la otra, de la fabrica a las manos del cliente final. Terminé mi tarea, abrí el programa de correos de la empresa, Lotus, y me decidí a enviárselo a mi jefe, la tarea estaba a punto de concluir. El archivo estaba adjunto, el cuerpo del mail describía que mi trabajo había sido completado y el asunto servia como perfecta introducción. Faltaba solo la dirección de correo. Casi de memoria, digité la primer letra de su nombre, apreté enter y dejé que Lotus hiciera su magia con su inteligente capacidad de autocompletar los mails. Enter y allí fue el correo. Me pareció ver algo extraño en el proceso y entonces, una vez enviado, decidí volver al mail, donde descubrí el peor de los escenarios posibles: Lotus y yo no nos habíamos entendido y aquella primera letra del mail sucedió no ser exclusiva de mi jefe sino también la de un importante cliente. Si, allí fue la tabla de costos, directo al de un cliente nuestro. Vi todos los mundos posibles delante mio pero todos ellos incluían el irremediable error que había cometido. Avergonzado hasta las lagrimas dejé el trabajo convencido de que había traicionado la confianza de quienes la habían depositado en mi. No había vuelta atrás y ese pasaría a ser un irremediable fracaso.

Tan grata como grande fue mi sorpresa cuando una semana después de haber dejado el trabajo recibí la llamada de una de las más altas autoridades de la empresa pidiéndome ayuda con la presentación más relevante de su planificación anual. Me pareció importante recordarle que ya no trabajaba mas en la empresa y su respuesta fue: “No confío en nadie mas que en vos para hacer esto”. Fue una gran lección.

¿Qué es el éxito y como lo diferenciamos de los logros?* “We must walk consciously only part way toward our goal, and then leap in the dar to success.” HENRY DAVID THOREAU

Es importante distinguir y destacar la diferencia entre los logros y el éxito. En lo particular, esto a mi me ha ayudado mucho en mi crecimiento personal ya que solemos confundir las dos, así caemos en la trampa de atar nuestra valoración personal a los resultados alcanzados y no necesariamente a aquello de lo que somos responsables.

Lo más importante a entender es que los logros son los únicos que dependen exclusivamente de nosotros. Los logros son metas alcanzadas en base a acciones personales que son requeridas para acercarnos a los resultados que queremos.

A diferencia de ellos, el éxito es la suma de lo que nosotros hicimos para alcanzar aquellos logros mas el contexto e influencia de factores externos que inciden en el resultado. De esta forma, podemos decir que justamente es la suma de lo que podemos controlar y de lo que no.

Lo más importante a destacar de la diferencia de estos dos, es que tenemos un limitado poder sobre el resultado de ciertas cosas y por ende del éxito. Es importante entonces no enceguecerse por los éxitos – que son relativos – y si adueñarnos de nuestros logros para que sean la plataforma de nuestras próximas acciones. Es también importante poder identificar que otro de los elementos que sí depende de nosotros es nuestra capacidad de aprendizaje. A partir de los errores aparecen nuevas posibilidades, pero solo si podemos capitalizarlos y de esa forma ampliar nuestra capacidad de aprendizaje. Es entonces que podemos convertir un fracaso en un nuevo logro que permita, en una próxima oportunidad, tener mayores posibilidades de acercarnos al éxito.

De cualquier forma, de nada sirve generar espacios donde se valoren los errores y el aprendizaje sin que antes exista como punto de partida una visión de éxito que nos permita tener un marco de referencia.

“De nada sirve generar espacios donde se valoren los errores y los aprendizajes sin que antes exista como punto de partida una visión de éxito que nos permita tener un marco de referencia.”

¿Qué es el fracaso? “I have not failed. I’ve found 10,000 ways that won’t work.” THOMAS EDISON

Podríamos decir que “El fracaso” tal como nosotros lo concebimos reside en la distancia entre los resultados esperados y los resultados percibidos. De ello podemos además inferir que a mayor distancia entre esos dos puntos, mayor la magnitud del fracaso percibido.

El fracaso como tal consta de tres elementos: lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Buscaremos entonces a través de la deconstrucción de cada una de esas partes simplificar el proceso de análisis de nuestro próximo encuentro con el fracaso.

Lo que pensamos, es el primero de estos obstáculos y es el primero en atribuir responsabilidades sobre el resultado – típicamente atribuimos la responsabilidad en otro, quizás un compañero de trabajo, un familiar o un desconocido. La pregunta es, ¿De quién es la culpa? La respuesta, sin importar cual creemos que sea, debería idealmente ubicarnos en el centro de las responsabilidades permitiendo que nos volvamos protagonistas del proceso y así, de haber tenido responsabilidad en el resultado, tener nuevamente la oportunidad de aprender de ello y en consecuencia acercarnos al futuro éxito.

La segunda parte, tiene que ver con lo que sentimos. El fracaso es sin dudas una construcción de la percepción (a mi criterio así también el éxito). De esta forma cuando nos encontramos con una situación de fracaso pasamos a sentirnos fracasados y eso confiere un golpe directo al ego. La pregunta que automáticamente nos hacemos es: “¿Por qué otro pudo y yo no?”. De esta forma, nos sentimos menos, y en nuestra propia miseria solemos eludir la propia responsabilidad objetiva que permita incrementar nuestras posibilidades de aprendizaje. Al comparar nuestros resultados con los ajenos, deberíamos de dedicarnos a analizar y comparar procesos que permitan entender que hay detrás de aquel éxito ajeno y entonces quizás comprender que también esta a nuestro alcance.

Por último, lo que hacemos, es el tercer y más grande obstáculo en nuestros fracasos convirtiéndose en el cuello de botella de todo acto posterior. Usualmente el fracaso paraliza y es entendible: Si pensamos que la culpa es de otro, si sentimos que no valemos lo suficiente, entonces mejor no hacer nada para no exponernos entonces a la posibilidad de estar aun peor. Allí es entonces donde ante el fracaso nos quedamos, nos paralizamos y más aún, donde usualmente anticipándonos a la posibilidad del fracaso, preferimos no hacer. En este punto, lo importante es reflexionar particularmente sobre dos preguntas centrales: “Dada la situación actual, ¿Qué más puedo hacer yo?” y si la respuesta es negativa quizás sea momento de pensar “¿Qué pude haber hecho distinto para conseguir otros resultados?”

“EL FRACASO” tal como nosotros lo concebimos reside en la distancia entre los resultados esperados y los resultados percibidos. (…) A mayor distancia entre esos dos puntos, mayor la magnitud del fracaso percibido.

Miedo como factor de parálisis “The only thing we have to fear, is fear itself.” FRANKLIN D. ROOSEVELT

Como se desprende del fracaso, un factor determinante en algunas acciones presentes pero principalmente en las futuras es el miedo. Ya que el fracaso atenta tan directamente al ego, se vuelve una cuestión sumamente personal que pone en juego nuestras fibras mas íntimas, nos genera miedo al rechazo y llegamos a cuestionarnos incluso a preguntarnos: “¿Cuánto valgo?” Es por eso que como veíamos previamente, ante la posibilidad de fracasar, el miedo suele dispararse, lo que nos paraliza dejando completamente sin efecto nuestra posibilidad de alcanzar el éxito.

La formula entonces debería residir en algunos elementos centrales que se desprendieron de esta deconstrucción. Si coincidimos en que éxito y fracaso residen en la percepción y que por ende son subjetivos, deberíamos también poder diferenciar entre hechos e interpretaciones y poder entonces dar el merecido peso a cada una de ellas. Usualmente cuando evaluamos resultados y/o los juzgamos nos basamos en aquellas interpretaciones y no necesariamente los hechos, incrementando sustancialmente el margen de error de aquellas.

Historia del POST-IT: Como un “fracaso” se convirtió en un éxito mundial
“In chemistry, there´s no such a thing as failure, there´s just unexpected results.” SPENCER SILVER

En el año 1968, Spencer Silver, un empleado de 3M, desecha el resultado de su trabajo al no conseguir lo que buscaba – un pegamento para ser usado en la construcción de aviones. El adhesivo tenía una estructura molecular con una superficie irregular (como una pelota de basket) lo suficientemente débil como para pegar dos hojas de papel y despegarlas luego sin dañarlas, algo que claramente no podía ser útil en el ensamblaje de un avión.

Seis años mas tarde, en 1974, Arthur Fry – otro empleado de 3M – cantando en un coro y peleando con señaladores que caían de su cancionero considera necesario inventar un señalador que se mantuviera en su lugar con la ayuda de un pegamento. Así, en la búsqueda de un pegamento efectivo dentro de la compañía, se encuentra con el pegamento de Silver, y así nace la primera versión de los post-its que hoy conocemos.

Distribuyó entonces Fry su revolucionario invento al interior de la compañía y permitió que su producto tuviera una primera interacción con el mercado con reveladores resultados – nadie lo había utilizado. Parecía entonces, el segundo “fracaso” de este pegamento.

Finalmente, enfrentando el rechazo a su nueva creación, Fry deja un mensaje a su jefe en el papel más cercano que tenía, lo pega a una carpeta, y sin conciencia de lo que estaba sucediendo descubre lo que es hasta hoy uno de los productos estrella de 3M a nivel mundial: los post it.

Fracaso: una oportunidad de aprendizaje “We have forty million reasons for failure, but not a single excuse.” RUDYARD KIPLING

Que no quede ninguna duda: lo que buscamos es crear una cultura donde el fracaso no es un objetivo si no una oportunidad de aprendizaje. El error más grande que cometemos es el de creer que no tenemos que equivocarnos; claro está que no tenemos que generar una cultura del error, pero si una cultura del aprendizaje.

La diferencia entre tomar el error como saludable o como algo negativo, generalmente radica en el análisis del proceso y no en el resultado. El peligro de considerar el error como meritorio de culpa en relación al resultado, hace que gran parte de los errores y los “fracasos” sean objeto de vergüenza, no sean reportados y en consecuencia no se produce el aprendizaje.

Antes de finalizar el taller, pudimos leer en voz alta algunos de los fracasos que se habían escrito en aquellos POST-IT’s diseminados por la sala. Fue muy interesante descubrir, que algunos de esos fracasos cargados como pesadas cruces, finalmente, eran experiencias compartidas por gran parte de la sala y rápidamente relativizados ante la experiencia de un otro.

Como conclusión, el único fracaso en la vida, es no aprender de ella.

“El único fracaso en la vida, es no aprender de ella.”

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